Como alcanzar la independencia financiera con dividendos (Parte 1)

La Independencia Financiera o IF también conocida por conceptos equivalentes como Libertad Financiera se refiere a la situación en la que una persona ha acumulado suficientes recursos financieros para cubrir sus gastos de vida sin depender de un empleo remunerado. Este concepto implica tener suficiente riqueza, inversiones, ahorros o ingresos pasivos para vivir sin la necesidad de trabajar por dinero.

El concepto IF es absolutamente relativo. En principio no se refiere a ninguna de las típicas imágenes que se asocian con la riqueza en las redes sociales. No es tener un deportivo ni una mansión, ni un yate ni viajar en jet privado. Se trata simplemente de tener ingresos pasivos que nos permitan vivir de acuerdo a nuestros estandares sin necesidad de generar ingresos provenientes de nuestro trabajo.

la IF es pues un concepto difuso. En primer lugar las necesidades que cada uno tenemos son absolutamente relativas y dependen de donde vivamos, que edad tengamos y que nivel de vida consideremos nosotros como aceptable. Probablemente si se hiciera una encuesta sobre el nivel de ingresos mensuales que consideramos necesario para mantener nuestro nivel de vida las cifras serían diversas.

Por otra parte, tampoco esta claro que son ingresos pasivos ni sin obtener la IF depende de que estos ingresos sean más o menos pasivos. En este articulo haremos una definición sencilla y como podemos definir un plan para conseguir la IF, o al menos disminuir nuestra dependencia de los ingresos derivados de nuestro trabajo.

Definiendo nuestros objetivos. Seguridad financiera.

El primer punto a discutir es cuanto necesitamos para obtener la IF. En realidad, da igual cual sea su cálculo. Probablemente sea erróneo. Probablemente la mejor aproximación es plantearnos cual sería nuestro umbral de seguridad financiera, es decir, con cuanto dinero al mes podríamos sobrevivir reduciendo al máximo nuestros gastos no esenciales. Incluso este dato es complicado de estimar correctamente pero probablemente podamos ajustar más el error.

La cuestión es que es muy complicado definir lo que necesitaremos para financiar nuestro nivel de vida entre otras cosas porque no sabemos que nos depara el futuro ni cual es el nivel de vida al que nos referimos. Puede que un joven que comience su vida profesional y que sea mileurista considere que su sueldo actual sea lo que precisa para mantener su nivel de vida pero como todos los que tenemos ya una cierta edad sabemos, las necesidades cambian con el tiempo. Aumentan según se va llegando a la mediana edad y, a veces, disminuyen algo cuando se está llegando a la edad de jubilación.

Por otra parte, nadie está obligado a conformarse con nada. Puede que alguien considere que no necesita salir de vacaciones cada año y hay quien crea que eso forma parte del mínimo vital. Hay quien considerará que salir a cenar dos veces por semana es un gasto superfluo y prescindible y quien creerá que es irrenunciable.

Algo similar sucede con la situación geográfica de quien está planificando. No es lo mismo alguien que vive en una gran ciudad que en un pueblo pequeño. Tampoco es lo mismo vivir en un país caro que en otro más económico o con menor nivel de vida.

Si hablamos de objetivos de mínimos de seguridad financiera la diversidad se mantiene pero al menos evitamos la ambigüedad de lo que consideramos nivel de vida mínimo. Si consideramos los gastos mínimos que necesitaremos para mantener nuestro nivel de vida actual probablemente podremos ajustar mejor nuestro objetivo. Suponga por un momento que ha perdido su renta del trabajo y que necesita calcular cuales son sus gastos mínimos que incluirán comida (sin grandes lujos), suministros básicos (electricidad, agua, gas…), alquiler o hipoteca, medicamentos, seguros médicos, ropa, etc…

Se trata de calcular, cada uno, y para cada caso particular, cual sería el dinero necesario para poder mantenerse con ciertos sacrificios asumibles en momentos de necesidad. Es decir, prescindiendo de gastos lujosos, o no estrictamente necesarios, sin vacaciones, sin salidas, etc.

Que quede claro, nadie está diciendo que se deba renunciar a eso. Simplemente estableceremos un primer nivel de gasto que nos determina cual es el nivel de ingresos que nos da seguridad financiera.

Podemos comenzar por esa cifra porque en realidad, fijarse un objetivo es solo una herramienta sicológica que nos anime a continuar nuestro plan. Nadie nos obliga ni nadie habitualmente se detiene por el hecho de llegar a su cifra objetivo. Pero alcanzar nuestro umbral de seguridad financiera nos permite disfrutar un primer nivel de tranquilidad.

Podríamos decir que el primer objetivo sería conseguir que nuestras necesidades básicas estuviesen cubiertas con nuestras rentas pasivas y dedicar nuestras otras rentas, tradicionalmente del trabajo, a mejorar nuestro nivel económico y, de paso, a aumentar nuestra inversion y acelerar el proceso. Ya veremos como funciona esto.

Determinar los plazos y considerar la inflación

El siguiente paso, que sería conveniente definir es el plazo de nuestra fase de inversión o de acumulación. Es un proceso acumulativo desde el momento en que entendemos que vamos a ir acumulando capital para ponerlo a trabajar. Este dato depende obviamente de nuestra capacidad de inversión que estará determinado en la mayoría de los casos por nuestra capacidad de ahorro como veremos más adelante.

Podemos estimar un plazo para alcanzar nuestro mínimo de seguridad financiera pero para ello debemos ajustar la inflación. Habitualmente cuanto hablamos de interés compuesto en inversión siempre hacemos hincapié en su aspecto positivo como multiplicador de nuestro patrimonio sin embargo tiene su anverso negativo y es cuando funciona como devaluador de nuestra capacidad adquisitiva.

La inflación debe tenerse en cuenta siempre que hagamos un plan de este tipo porque si los mil euros de hoy probablemente dentro de 20 años hayan perdido una parte importante de su valor. La acción de la inflación sobre nuestro objetivo viene determinado por el número de años que estimemos para alcanzarla y por la inflación anual media.

Si bien hay épocas de mayor y menos inflación, una cifra muy utilizada sobre todo a largo plazo es un 2% anual.

El calculo de la los objetivos aplicados la inflación es la siguiente, aplicaremos directamente el 2%:

$$Of = Oa (1.02)^t$$

Donde Of son los objetivos futuros, Oa los objetivos actuales y t el tiempo expresado en número de años.

Por poner un ejemplo sencillo, si aplicamos una inflación media del 2%, en diez años para obtener el poder adquisitivo de mil euros o dólares actuales necesitaremos 1.485 euros/dólares. Es decir, casi un 50% más.

Planificar el ahorro

Por mucho que hagamos un esfuerzo para definir nuestros objetivos si no invertimos será muy difícil adquirir activos que nos ofrezcan nuestras ansiadas rentas pasivas. La inversión proviene, en la inmensa mayoría de los casos, del ahorro. Es cierto que puede haber casos extraordinarios como herencias, venta de propiedades, donaciones, premios de lotería o cualquier otro ingreso extraordinario pero para el caso que estamos tratando a largo plazo en la mayoría de ocasiones contaremos con nuestra capacidad de ahorro.

Ahorrando

Ventajas del ahorro

Parece evidente que ahorrar es una buena practica que ofrece numerosas ventajas:

Seguridad Financiera: Crea un colchón para emergencias.

Independencia: Reduce la dependencia de deudas o créditos.

Metas a Largo Plazo: Facilita alcanzar objetivos como comprar una casa.

Menos Estrés: Alivia preocupaciones financieras futuras.

Todas estas ventajas son evidentes pero la planificación del ahorro cada mes tiene otra ventaja que a veces pasa desapercibida y tiene gran importancia para nuestro futuro y es que nos obliga a reducir nuestro nivel de vida. Esto puede parece algo perjudicial pero en la practica y para la mayoría de las personas es algo realmente bueno.

Se dice a menudo que el más rico es el que menos necesita y es absolutamente cierto. Sin embargo, cuando se vive de un sueldo suele suceder que todo el mundo termina ajustando sus gastos a sus ingresos. Si mañana a usted le duplican el sueldo probablemente el primer mes no sepa que hacer con tanto dinero pero no se preocupe, que en los meses posteriores le surgirán ideas al respecto y probablemente en poco tiempo pueda llegar al caso de que incluso no llegue a fin de mes.

Hay numerosos estudios sobre como a menudo las personas que obtienen un premio sustancioso de la lotería terminan arruinados con grandes deudas. Y es que cuando disponemos de más ingresos, de forma más o menos consciente, terminamos generándonos necesidades que terminan por ajustarse a nuestros ingresos. Vivimos en viviendas más caras, adquirimos vehículos más caros, compramos ropa más cara, viajamos a destinos más caros, pagamos colegios más caros y en fin, terminamos gastando más.

La mayoría de las ocasiones, exceptuando obviamente casos extremos, el aumento de renta disponible no se corresponde linealmente con el aumento en calidad de vida. Cuando nos aumentan un 5% el sueldo probablemente no notemos una mejora sustancial en nuestra calidad de vida.

El hecho de dedicar un porcentaje nuestros ingresos al ahorro reduce nuestra renta disponible y vivir algo por debajo de nuestras posibilidades y eso nos beneficia de dos maneras: por un lado obviamente con el ahorro podemos disponer de un colchón de seguridad y de dinero para invertir y por otra parte se reducen nuestras necesidades de forma que las rentas obtenidas de nuestro capital cubre mayor porcentaje de nuestras necesidades.

Cómo y cuánto ahorrar

Hay multitud de libros, sitios web, blogs, foros y en fin, todo tipo de contenidos con trucos para ahorrar. Muchos de ellos caen en lo que de forma coloquial se denomina lonchafinismo o lo que es lo mismo llevar el ahorro a sus máxima expresión (hasta la de cortar las lonchas de embutidos más finas para gastar menos).

En realidad hay dos consejos que se pueden aplicar en todos los casos y que facilitan el ahorro o, al menos, permiten simplificar el plan de ahorro. El primer consejo es primero pagarte a ti mismo. Esto significa que en el momento de cobrar, y antes de acometer todos los pagos corrientes de alquiler, hipoteca, suministros, comida, ocio, etc… se aparte el ahorro previsto y se ingrese en otra cuenta aparte o en el broker si es que se va a invertir en bolsa.

Esta sencilla práctica psicológicamente es muy efectiva. Si tenemos unos ingresos de 1.500 euros/dólares y apartamos 150, el efecto sicológico será el de cobrar 1.350. Si cometemos el error (muy común) de esperar a ahorrar lo que sobra siempre vamos a obtener el mismo resultado: no sobra nada. Por eso, es fundamental apartar el ahorro para inversión al principio y con lo que nos queda acometer los gastos o incluso el ahorro secundario (por ejemplo para un vehículo o unas vacaciones).

El ahorro para inversión debe ser una partida distinta de todos los demás tipos de ahorro si los hubiese y debe ser apartado incluso de forma automática si se puede.

cuanto ahorrar

En cuanto a la cantidad, cada cual debe asumir cual es su umbral de ahorro posible pero el consejo es que se establezca en forma de porcentaje de los ingresos. Por supuesto, si se puede ahorrar más es mejor que menos pero al establecer un porcentaje lo que conseguimos es que nuestro ahorro crezca conforme crecen nuestros ingresos.

Por eso es importante comenzar cuanto antes. Si nos planteamos ahorrar un 10% de nuestros ingresos es probable que los primeros años de nuestra vida profesional el ahorro no sea muy cuantioso pero en cualquier caso estaremos construyendo un hábito y reduciendo nuestro nivel de gasto. A medida que vayamos incrementando nuestros ingresos debido a la progresión habitual en el trabajo el ahorro aumentará paulatinamente.

Puede que llegue un momento en que nuestros ingresos nos permitan incluso aumentar el porcentaje de ahorro, por ejemplo en momentos como un cambio de empleo o un ascenso que nos haga aumentar nuestro salario sustancialmente. Será buena oportunidad para mantener nuestro nivel de gastos y aumentar el nivel de ahorro.

Lógicamente cuanto más ahorremos más vamos a invertir y antes conseguiremos nuestras metas pero no olvidemos que el objetivo es obtener la independencia financiera para vivir tranquilos y bien. Si vamos a sufrir penalidades durante nuestra vida probablemente no merezca la pena el esfuerzo.

Habitualmente, la mayoría de las personas consideran que no pueden ahorrar pero es realmente extraño que alguien no pueda vivir sin el 10% de sus ingresos. Asi pues, aunque sea poco, intente habituarse al ahorro.

Colchón de seguridad

El «colchón de seguridad» en el contexto de la independencia financiera se refiere a una cantidad de dinero ahorrada y reservada para emergencias o gastos imprevistos. Esta suma actúa como una red de seguridad que permite a una persona mantener su independencia financiera y estabilidad en situaciones difíciles, como la pérdida de empleo, enfermedades, reparaciones importantes, entre otros.

El tamaño del colchón de seguridad puede variar según las necesidades y circunstancias individuales, pero generalmente se recomienda tener suficiente dinero para cubrir entre tres a seis meses de gastos. Algunas personas que buscan una mayor seguridad pueden optar por un colchón más grande, capaz de cubrir hasta un año de gastos. En realidad la definición del número de meses depende tambien de nuestra situación familiar y de nuestra situación profesional. No es lo mismo ser empleado con derecho a prestación por desempleo que ser autónomo o empresario que implica mayor riesgo y menores coberturas.

Este colchón de seguridad es un componente fundamental de la planificación financiera personal, ya que ofrece tranquilidad y reduce el riesgo de caer en deudas en caso de una emergencia o una interrupción en los ingresos. Además, es un paso esencial para alcanzar la independencia financiera, ya que permite a las personas tomar decisiones con mayor libertad, sin la presión financiera inmediata.

La existencia de este colchón de seguridad no es, ni mucho menos, una recomendación absoluta. Lo cierto es que depende mucho de las circunstancias de cada persona. Hay argumentos que apoyan esta decisión y otros que la desaconsejan. Por una parte, disponer de un colchón de seguridad nos ofrece las ventajas ya enumeradas y como su propio nombre indica nos proporciona seguridad, y la seguridad nos proporciona tranquilidad.

Un acontecimiento puntual como la perdida de un trabajo, un accidente, un gasto inesperado nuestro o de un familiar… son cuestiones que suceden a menudo y si no disponemos de este tipo de ahorro tendremos que plantearnos la disyuntiva entre tomar deuda o desinvertir. Ninguna de las opciones es aconsejable.

Sin embargo, muchos inversores consideran que disponer de un colchón de seguridad de este tipo lo que hace es retrasar nuestro plan de inversión y ahorrar dinero sin invertir no es sino una perdida del dinero por efecto de la inflación.

Una solución intermedia puede ser invertir ese colchón de seguridad en activos muy líquidos como fondos monetarios o depósitos bancarios a corto plazo.

Evitar la deuda

De nada nos serviría planificar nuestro retiro ahorrando e invirtiendo si después generamos deuda y debemos pagar intereses. No obstante, no toda la deuda es igual. Lo ideal, siempre que se pueda, es evitar la deuda pero no es lo mismo un crédito personal para unas vacaciones que una hipoteca. A pesar de que muchos autores consideran la vivienda un pasivo lo cierto es que la vivienda, sobre todo la primera vivienda, es una inversión en tranquilidad. Además la vivienda adquirida con una hipoteca tiene la particularidad de que nos obliga a invertir de forma correcta: a largo plazo y sin apenas rotación.

Tal vez lo más difícil de la inversión a largo plazo es evitar la pulsión continua a operar y rotar nuestra cartera por más que sepamos y existan un sinfín de estudios que demuestren que las carteras de mayor rendimiento son las menos activas. Cuando adquirimos una vivienda habitual y la financiamos con una hipoteca a largo plazo de alguna forma lo que estamos haciendo es adquirir un bien revalorizable (sobre si es activo o pasivo no vamos a entrar) invirtiendo en el de forma constante (la cuota de hipoteca) con buenas tasas de interés relativas (siempre mucho mejores condiciones que un préstamo personal) sin rotación (por más que queramos la mayoría de personas no se plantea cambiar de vivienda de forma habitual) y con ventajas fiscales (que dependen del momento y del país pero que suelen hacer que sea la inversión mejor considerada por hacienda).

Exceptuando la vivienda, el resto de deudas como norma general es mejor evitarlas. Lógicamente hay tantos casos como personas. Puede ser que alguien considere imprescindible adquirir un vehículo y deba endeudarse pero realmente nunca es buen negocio. Por supuesto, los pagos a plazos de electrodomésticos, muebles y sobre todo las deudas de tarjetas de crédito deben evitarse a toda costa.

importancia de evitar las deudas

El nivel de vida posible de dos personas con el mismo nivel de ingresos puede ser absolutamente distinto solo por los hábitos financieros. Una persona con un sueldo medio que adquiera el hábito de comprar bienes de consumo a plazos y/o financiados por tarjetas puede tener la mitad de capacidad adquisitiva de otra persona con los mismos ingresos que simplemente espera a disponer del dinero ahorrando para adquirir los bienes y que paga las deudas de tarjetas de crédito al 100% al final de mes o que usa tarjetas de débito.

Si la deuda debida a prestamos personales al consumo es mala, y la de las tarjetas de créditos es malisima, hay aún una deuda peor y es la de las llamadas tarjetas revolving. Este tipo de tarjetas suelen disponer de un sistema de amortización o pago flexible de forma que los usuarios pueden seleccionar un pago mensual fijo o de un porcentaje de la deuda. A veces incluso puede seleccionarse la opción de pago únicamente de los intereses.

Este tipo de tarjetas, sin la suficiente formación de finanzas personales puede producir préstamos infinitos e incluso deudas crecientes. Esto es así también porque los intereses que gravan la deuda pendiente son extremadamente altos, de hasta el 27%. De hecho, es el cliente quien escoge con qué tipo de cuota quiere hacer la devolución cada mes: una cantidad fija o un porcentaje del crédito utilizado. No obstante, si esta cuota es demasiado baja, puede ocurrir que la devolución mensual no cubra ni siquiera los intereses generados por la deuda que, de esta forma, se acumula y agiganta mes tras mes. Una auténtica espiral.

Es muy habitual que al finalizar la amortización de una deuda con este tipo de tarjetas el total devuelto supongo dos o tres veces el total del préstamo.

Conclusión de la primera fase del plan

Hasta aquí, en esta primera parte hemos confeccionado la primera parte de nuestro proyecto basada en la planificación.

Las personas que planifican tienden a tener mayores ahorros y una mayor acumulación de riqueza que aquellas que no lo hacen. «The Role of Financial Literacy in Determining Retirement Plans» es un estudio que investiga la relación entre la alfabetización financiera y la planificación de la jubilación.

Los autores (Robert Clark, Melinda Sandler Morrill y Steven G. Allen) se basaron en encuestas para medir el conocimiento financiero de individuos, centrándose en conceptos básicos como el interés compuesto, la inflación y la diversificación de riesgos. Luego relaciona estos niveles de alfabetización con la probabilidad de planificación para la jubilación de los encuestados.

Las principales conclusiones fueron:

  1. Alfabetización financiera deficiente: Un alto porcentaje de encuestados mostró una comprensión insuficiente de los principios financieros básicos.
  2. Correlación con la planificación: Aquellos con una mayor alfabetización financiera eran más propensos a planificar para la jubilación.
  3. Impacto económicoLas personas con una mayor alfabetización financiera tienden a acumular más riqueza, preparándose mejor para la jubilación.
  4. Diferencias demográficas: Se observaron diferencias en la alfabetización financiera según la educación, género y pertenencia a minorías.
  5. Énfasis en la educación: La investigación subraya la necesidad de mejorar la educación financiera para fomentar una adecuada planificación y preparación para la jubilación.

Es decir, que con solo el ejercicio de planificación ya se estará mejorando sus expectativas de alcanzar los objetivos.

Nuestra primera parte del plan se basa en:

  1. Definir un objetivo de renta mensual.
  2. Establecer un plazo de la fase de acumulación.
  3. Actualizar el valor del objetivo de renta anual aplicando la inflación.
  4. Definir el colchón de seguridad del que dispondremos en función de los gastos imprescindibles y el número de meses que queremos tener cubiertos.
  5. Definir un porcentaje mínimo de ahorro y la cuenta de destino e implementar un sistema de ahorro automático cada vez que se reciba nuestro ingreso mensual.

Una vez en marcha este plan llegará un momento en que comencemos a acumular capital y decidamos cual será nuestra forma de inversión. En este blog tratamos de inversión en dividendos y en la segunda parte haremos un estudio del proceso para llevar a cabo la inversión. No obstante, nada hace pensar en que invertir en otro tipos de activos sea malo o desaconsejable.

En la segunda parte de este articulo veremos como la inversión en dividendos nos permitirá obtener nuestros resultados deseados y, quien sabe, la independencia financiera.

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