Como alcanzar la independencia financiera con dividendos (y 2)

En la primera parte de este artículo hicimos un repaso de los primeros pasos del plan para alcanzar la independencia financiera. El primer paso es probablemente el más importante que es plantearse como objetivo llegar a «vivir de las rentas pasivas».

Vivir sin trabajar es un sueño común de la mayoría de las personas pero, sobre todo en la cultura occidental del trabajo y consumo, no es tan sencillo siquiera plantearse el objetivo. Cuando se sueña en una vida que no dependa del trabajo lo asociamos a ser rico y en ese sueño la mayoría de las veces la riqueza llega como consecuencia de un pelotazo. Bien sea un premio de lotería, una herencia o un éxito profesional repentino que nos haga millonarios.

La independencia financiera, al menos como lo entiende la mayoría no tiene nada que ver con hacerse rico. Se trata de un plan para la inmensa mayoría de las personas que son todas aquellas que básicamente, dependen de sus ingresos mensuales para vivir.

Cuando una persona se plantea alcanzar la independencia financiera obteniendo rentas pasivas (mas adelante veremos que son rentas pasivas y como casi ninguna lo es absolutamente) lo que está asumiendo es que sus ingresos deben ser suficientes para vivir y para generar un patrimonio que, posteriormente, será el que, convenientemente invertido, se encargue de trabajar para él.

Es importante asumir, por lo tanto, que va a tener que renunciar a parte de sus ingresos presentes para disponer de ingresos futuros. Esto podría ser la definición de ahorro. No obstante hay un matiz importante y es que la mayoría de las personas no podrían ahorrar suficiente para superar el efecto de perdida adquisitiva de la inflación y almacenar suficientes recursos para poder vivir de ellos. Por lo tanto, esos ahorros deben ser invertidos.

La importancia de planificar

En el artículo anterior ya hablamos sobre la importancia de la planificación. En realidad, frente a lo que pudiera parecer, lo importante es planificar y no los resultados de esa planificación que, en la inmensa mayoría de los casos no será exacta. Es muy difícil que alguien con 25 o 30 años pueda determinar su nivel de ingresos y su capacidad de ahorro en los siguientes 20 o 30 años.

Pero el simple paso de comenzar a realizar la planificación lo que nos mostrará es una perspectiva realista de nuestros objetivos y, lo que es más importante, que no es una locura intentarlo.

La independencia financiera supone cierto esfuerzo y disciplina y la planificación nos enseña los resultados de una forma realista. Por una parte nos mostrará que es una tarea de años, habitualmente de décadas, pero también nos mostrará un camino posible y más que posible probable. Y eso es fundamental para acometerlo.

Hay multitud de estudios en muchos ámbitos de la vida donde se ha llegado a la conclusión de que las personas que previsualizan el camino suelen tener un porcentaje de éxito superior. Siempre es importante mantener el foco en lo que se hace a corto pero ayuda mucho conocer cual es el objetivo al que lleva el esfuerzo presente.

Por eso, las primeras fases del plan para obtener la independencia financiera se basan en planificar nuestra renta objetivo, los años que vamos a dedicar a acumular e invertir y que porcentaje podremos ahorrar y cual será la rentabilidad media esperada. Esto nos dará un resultado, tal vez una fecha en la que conseguiremos llegar a nuestro objetivo previsto.

Insistamos en que habitualmente todas las previsiones se irán ajustando conforme a nuestras circunstancias personales pero lo realmente importante es planificar.

¿Porqué invertir?

A los que llevamos tiempo invirtiendo esta pregunta ni se nos plantea pero lo cierto es que en cualquier estadística que observemos podemos comprobar que la mayoría del ahorro generado por las familias se dedica a depósitos bancarios y una gran parte de esos depósitos son cuentas corrientes o cuentas de ahorro con bajas rentabilidades o, como sucede actualmente, con ninguna rentabilidad.

La inflación, a veces llamada la tasa impositiva de los pobres afecta a todos por igual. El siguiente gráfico, muy conocido en múltiples versiones nos muestra la capacidad de compra o valor adquisitivo de 100 dólares a principios del siglo XX. En este gráfico además no se muestra el reciente periodo de alta inflación ya que finaliza en 2020.

Tal vez ,más de cien años nos parezcan demasiado. Si observamos el siguiente gráfico de Charlie Biello podemos observar como en los últimos 20 años se ha perdido casi el 40% del valor adquisitivo.

Estos datos se refieren a dólares y serían muy similares en euros. Si hiciésemos el mismo ejercicio estadístico con divisas débiles el resultado sería mucho más deprimente ya que a la pérdida de valor adquisitivo habría que sumar el valor de depreciación que la mayoría de divisas tienen a largo plazo con respecto al dólar y euro.

Tan fuerte es el poder depreciativo de la inflación que los grandes patrimonios suelen centrarse en mantener el valor adquisitivo más que en obtener rentabilidades adicionales. Aunque la mayoría de los inversores pretenden obtener rentabilidades hay un pequeño grupo de personas con grandes patrimonios que no necesitan más dinero sino que su dinero no pierda valor.

Cuando Warren Buffet enuncia sus famosa frase sobre las reglas de la inversión: «Regla nº 1: No perder nunca dinero. Regla nº 2: no olvidar nunca la regla nº 1». Se refiere entre otras cosas a esto.

Por esto, invertir no es opcional. Invertir en cualquiera de los activos que se decida es la única forma de que el resultado de nuestro esfuerzo de ahorro simplemente se pierda como agua entre los dedos.

¿En qué invertir?

En este blog nos ocupamos de inversión en bolsa, y concretamente en empresas que distribuyen dividendos pero ni es obligatorio ni es excluyente este tipo de inversión. De hecho, lo ideal sería, si se puede, diversificar en diferentes activos.

Sea en renta variable, renta fija, bienes inmuebles, bienes de colección, oro o bitcoins o cualquiera opción, lo fundamental es al menos mantener el valor de nuestros ahorros y obviamente sería deseable obtener rentabilidad por encima de la infación.

La primera inversión, y es una opinión personal a menudo no compartida por muchos autores, es la vivienda habitual. Hay quien opina que la compra de una vivienda no es una inversión ya que no es un activo, es decir, no genera rentas sino más bien un pasivo. Sin embargo, todo depende de muchos factores. Mi opinión es que la compra de la primera vivienda o vivienda habitual tiene varios factores que hacen que sea una inversión.

En primer lugar, yo considero que la vivienda aporta un valor intangible que es seguridad, un valor tangible que es el ahorro en alquiler ya que los prestamos hipotecarios suele ser una deuda fija cuya cuota se deprecia con el tiempo y por otra parte suele ser una compra muy bien tratada desde un punto de vista fiscal. En muchos países es una compra bonificada. Por otra parte actúa como valor refugio ya que suele ser un patrimonio que obtiene revalorización y nos obliga a ahorrar (la cuota de hipoteca se puede considerar una cuota de ahorro).

En cualquier caso, lo importante es ahorrar y dedicar el resto a invertir. A continuación nos centraremos en la opción de inversión en dividendos.

El «colchón de seguridad»

Una vez que se comienza a ahorrar se debe dedicar una parte importante a acumular una cantidad de dinero que puede mantenerse como dinero en depósito o con algún tipo de equivalente líquido como un fondo monetario. La función de este ahorro es disponer de él en algún momento de emergencia económica. La cantidad a acumular depende de cada uno pero suele medirse en número de meses de gastos básicos. Entre seis meses a dos años dependiendo de las circunstancias personales de cada cual.

Con respecto a este dinero hay que procurar mantenerlo disponible y no usarlo sin que realmente sea necesario. La función de este dinero es, además, no necesitar deshacer inversiones en caso de una situación de emergencia como puede ser una perdida de empleo o alguna emergencia.

Una vez alcanzado el número de meses de gastos que hayamos decidido podemos dedicar nuestro ahorro de forma integra a la inversión.

Inversión en dividendos

Una vez que hemos pasado por todos los pasos previos de nuestro plan para obtener la Independencia Financiera debemos elegir como y en que invertimos nuestros ahorros. Debemos tener claro que, en la mayoría de las ocasiones, alcanzar la independencia financiera es una tarea de décadas y así debemos plantearlo.

Aunque hay varias opciones

Una vez que nos decidimos a establecer una estrategia de inversión en dividendos debemos acometer una tarea que básica: La planificación de nuestro propio modelo de ahorro, inversión y obtención de rentas.

La inversión en empresas que distribuyan dividendos encaja particularmente bien en los planes para obtener la IF debido a que precisamente estos planes lo que persiguen es conseguir rentas pasivas. Las rentas pasivas se refieren a los ingresos que se generan regularmente sin la necesidad de un trabajo activo o esfuerzo continuo. Estos ingresos permiten a una persona ganar dinero sin estar físicamente presente o involucrarse diariamente en la actividad que genera esos ingresos.

En su acepción más amplia se suelen considerar rentas pasivas las rentas de alquiler, los ingresos de negocios en los que no participamos de forma activa o los derechos de autor y royalties por cualquier tipo de invención, patente o autoría intelectual. Tal vez la forma más conocida de las llamadas rentas pasivas son las rentas de alquiler. De hecho, el término rentista en la mayoría de las ocasiones se asocia a quien vive de las rentas de alquiler de cualquier propiedad.

En lo que existen discrepancias es en cuanto de pasivo tienen ese tipo de rentas. Es cierto que si usted posee varios inmuebles no puede decirse que dedique una jornada laboral completa a mantenerlos pero tampoco parece adecuado o exacto decir que no dedicará prácticamente tiempo a ello. Igualmente, es cierto que si usted es autor de una obra escrita o musical y recibe derechos de autor puede considerarlo como rentas pasivas aunque sin duda habrá hecho un trabajo previo. En cierta forma es como si se considerara rentas pasivas cobrar un sueldo por un trabajo ya realizado.

Lo que probablemente se adapta más al concepto de renta pasiva es el de obtener ingresos por la marcha de un negocio en el que no se participa con trabajo sino con capital. Y eso es precisamente lo que es un dividendo.

Los dividendos proporcionan una fuente regular de ingresos pasivos. Esto es crucial para la independencia financiera, ya que permite a los inversores cubrir sus gastos sin depender exclusivamente de un salario. Y además suelen ser pagos recurrentes, con más resistencia a crisis y mercados bajistas y que crecen en la mayoría de las ocasiones por encima de la inflación.

Las acciones que pagan dividendos suelen pertenecer a empresas establecidas y financieramente sólidas, lo que puede resultar en menor volatilidad comparada con acciones de crecimiento o especulativas. Incluso cuando el mercado está en baja, las acciones de dividendos continúan proporcionando ingresos, lo que puede ayudar a mitigar las pérdidas de capital y aportar estabilidad al portafolio.

Existen tantas estrategias como inversores pero en principio lo importante es ir confeccionando una cartera de empresas de calidad. Puesto que el objetivo, sobre todo los primeros años, será a largo plazo es importante analizar y determinar empresas con un historial importante de distribución de dividendos y si puede ser con cierta historia de dividendos crecientes.

Recuerde que el objetivo de una cartera de dividendos no es tanto obtener rentabilidad aumentando el valor del patrimonio invertido como obtener unas rentas pasivas provenientes de los dividendos. El crecimiento del valor de nuestra cartera vendrá como valor añadido.

Durante la fase de acumulación de patrimonio irá aumentando poco a poco (sobre todo al principio) su renta mensual obtenida pero pasados los años esta renta se constituirá en un ingreso recurrente vitalicio y, lo que es mejor, sin necesidad de dilapidar su patrimonio invertido.

En este blog va a encontrar muchas estrategias de inversión en dividendos y, en general, todas van a funcionar. Lo ideal es tomar una estrategia con la que nos sintamos cómodos. Haga una lista corta de empresas candidatas y vaya repartiendo sus inversiones en función de los precios. Es una buena práctica repartir su cartera de inversión en unas 20 a 50 empresas y no acumular más del 10% de su capital en una empresa.

Reinversión de dividendos. Efecto bola de nieve

El «efecto bola de nieve» y el interés compuesto son conceptos fundamentales en la inversión en dividendos, especialmente en el contexto de una estrategia a largo plazo.

  1. Interés Compuesto: Se refiere a la capacidad de una inversión de generar ganancias, no solo sobre el capital inicial, sino también sobre los intereses acumulados de periodos anteriores. En el caso de los dividendos, esto significa reinvertir los dividendos recibidos para comprar más acciones, lo que a su vez generará más dividendos en el futuro.
  2. Efecto Bola de Nieve: Este concepto es una metáfora que ilustra cómo el interés compuesto puede hacer crecer una inversión con el tiempo. Al igual que una pequeña bola de nieve que rueda cuesta abajo se hace más grande a medida que recoge más nieve, una inversión inicial con dividendos reinvertidos crece exponencialmente a lo largo del tiempo. Cuanto más tiempo permanezca la inversión, mayor será el efecto del interés compuesto, y más grande será la «bola de nieve».

Por ejemplo, si inviertes en una empresa que paga dividendos y continuamente reinviertes esos dividendos en comprar más acciones, el número de acciones que posees (y por lo tanto los dividendos que recibes) crecerá con el tiempo. Inicialmente, este crecimiento puede parecer lento, pero con el tiempo, el incremento en el número de acciones (y por ende, los dividendos recibidos) puede ser sustancial.

Este proceso requiere paciencia y disciplina, ya que los beneficios más significativos del interés compuesto y del efecto bola de nieve se manifiestan en el largo plazo. Además, es crucial seleccionar empresas que no solo paguen dividendos, sino que tengan un historial de mantener o aumentar sus pagos de dividendos a lo largo del tiempo, lo que sugiere estabilidad y crecimiento empresarial.

Ejemplo de interés compuesto

Supongamos primero un escenario donde ahorremos 300 euros mensuales durante 10, 20 y 30 años. Para calcular el ahorro generado la formula es simple:

Ahorro Mensual x 12 Meses x Número de Años.

  1. Después de 10 años: 300 euros/mes×12 meses/año×10 años=36.000 euros
  2. Después de 20 años: 300 euros/mes×12 meses/año×20 años=72.000 euros
  3. Después de 30 años: 300 euros/mes×12 meses/año×30 años=108.000 euros

Si suponemos que compramos acciones con una rentabilidad media del 5% y reinvertimos las cantidades el resultado sería el siguiente:

  1. Después de 10 años: 46.728 euros
  2. Después de 20 años: 123,163.97 euros
  3. Después de 30 años: 249,113.38 euros

En realidad, esos datos no son realistas. Los datos siempre van a ser mejores porque los 300 euros mensuales se irán incrementando lógicamente y por otra parte los dividendos irán creciendo. Vamos a suponer que entre rendimiento por dividendos y rentabilidad de empresas obtenemos un 10%. Entonces las cifras quedarán de la siguiente forma:

  1. Después de 10 años: 63.112 euros
  2. Después de 20 años: 226,809 euros
  3. Después de 30 años: 651,396 euros

Hay varias cosas que observar en esos datos. En primer lugar, obtener un 10% anualizado de rentabilidad en este tipo de empresas si sumamos rentabilidad por dividendo y crecimiento del precio de la acción no es ninguna exageración. En segundo lugar si nos planteamos un porcentaje de ahorro del 10 o el 15% de nuestros ingresos estas cifras habitualmente se superaran ya que aunque en los primeros años no alcanzara esos 300 euros mensuales a poco que la inflación y el crecimiento habitual de nuestros ingresos progrese la cifra de inversión mensual aumentará considerablemente.

Si observamos bien los datos comprobamos el efecto bola de nieve claramente. Si nos fijamos en la ultima simulación nos damos cuenta que el patrimonio invertido al cabo de treinta años no es tres veces el de diez años sino que se multiplica por más de diez. Incluso vemos que la cantidad casi triplica a la obtenida tras 20 años. De hecho, si prolongáramos el proceso de acumulación diez años más obtendríamos casi tres veces más de capital llegando a superar el millón setecientos cincuenta mil euros.

Por eso es tan importante el factor tiempo.

Por ultimo, si suponemos que disponemos después de 30 años de ese capital de 650 mil euros (o dólares), y mantenemos la rentabilidad por dividendo media del 5% estaríamos obteniendo una renta totalmente pasiva mensual de 2,750 euros. Y no solo eso sino que en el caso habitual, esa renta seguiría incrementándose año tras año por encima de la inflación con lo que podríamos decir que el tiempo jugaría a nuestro favor.

Conclusiones

La Independencia Financiera, o en cualquier caso, la mejora de nuestra situación económica es posible siguiente unos sencillos pasos y se necesita algo de sacrificio y sobre todo paciencia y constancia. Como hemos visto el efecto de bola de nieve se va a aprecia más cuanto más años dispongamos para hacerla rodar.

La inmensa mayoría de personas puede vivir sin notar una gran perdida de su calidad de vida si ahorramos un 10% o 15% de nuestros ingresos. Simplemente plantéese si merece la pena ese pequeño sacrificio a cambio de obtener una mejora significativa de nuestra calidad de vida y tal vez obtener la tranquilidad y seguridad financiera o directamente la independencia financiera en dos o tres décadas.

Considere que el proceso de ahorro trabaja para su bienestar material futuro en dos direcciones, aumentando sus ingresos y disminuyendo sus necesidades ya que esta comprobado que todos podemos obtener una calidad de vida similar gastando algo menos.

La inversión orientada a dividendos es una de las varias formas de inversión pero se ajusta de manera sencilla a un plan de ahorro con vistas a obtener la IF haciendo más sencillo el proceso.

Es importante insistir en la planificación a largo tiempo. Si usted invierte 300 euros y obtiene una rentabilidad del 5% al cabo de un año tendrá ahorrados 3.600 euros y su rentabilidad por dividendos será de 15 euros mensuales de media. No desespere y repase los datos de este articulo, aprenda la formula de interés compuesto y piense en que en diez, veinte o treinta años podrá obtener un sueldo del trabajo de sus ahorros.

Y mientras tanto plantéese pequeños hitos. Al cabo de dos o tres años la rentabilidad pagará su cuota de internet, luego pagará su cuota de electricidad, y tal vez en cinco o diez años resulte que su rendimiento paga su alquiler o cuota de hipoteca.