Los dividendos no mienten

El título de la entrada hace honor a el libro «Dividends Don’t Lie» escrito por Geraldine Weiss, conocida como «la dama del dividendo». El enfoque de Geraldine Weiss en la inversión en dividendos se basa en la premisa de que los dividendos son un indicador sólido de la salud financiera de una empresa y su capacidad para generar ganancias a largo plazo.

Cuando el Buy&Hold no funciona

Como decíamos en el anterior articulo de esta serie (Buenos negocios, Buy&Hold e indexados), muchos inversores, alcanzada su madurez como tales, llegan a la conclusión de que la inversión más rentable y segura, siempre que hablamos de bolsa, es la de las tres reglas de oro:

  • Buscar buenos negocios.
  • Pagar un buen precio por ellos
  • No hacer nada.

Estas reglas son la base de la fortuna de grandes inversores y también de muchos ahorradores particulares que de esta forma obtienen rentabilidades iguales o superiores a la media del mercado. Cualquier comparación con otros tipos de estrategias como el trading o la compra de empresas disruptivas y mega-innovadoras en su fase de startup siempre dan peores resultados estadísticamente hablando. Tampoco funciona intentar adivinar los momentos de crisis o bajadas para estar fuera del mercado. Lo que habitualmente se llama timing.

Las base de las tres reglas de oro de la inversión es el optimismo económico y la confianza en el progreso. A menudo, cuando se ven noticias o se escucha a analistas políticos y económicos, todo son malas noticias, la nueva crisis de deuda, el conflicto en tal o cual región, la escasez de tal o cual materia prima, el paro, las pandemias, la desigualdad social creciente… Siempre hay alguna mala noticia o algún peligro amenazante sobre la economía mundial.

Sin embargo, la estadística no dice que, habiendo pasado el siglo más violento y conflictivo de la historia (el siglo XX) la realidad es que todos los datos económicos disponibles van en contra de esa percepción pesimista. La economía ha crecido sin parangon en los ultimos 120 años, la productividad ha aumentado de forma exponencial y la pobreza ha disminuido como nunca en la historia de la humanidad.

Y es por esto que los mercados bursátiles, que a corto plazo son imprevisibles, a largo plazo se han comportado con una tendencia alcista continuada.

En conclusión, todo hace suponer que si seleccionamos buenos negocios y esperamos lo suficiente a que las turbulencias puntuales del mercado se disipen en la tendencia general, obtendremos una buena rentabilidad anual.

Y realmente la estadística es cierta, pero que estadísticamente podamos esperar estos resultados no significa que siempre se consigan. Habitualmente, cuando se intenta demostrar que la bolsa a largo plazo siempre sube se coloca una grafica del S&P 500 de los últimos cien años y realmente es así, el índice ha aumentado a una media superior al 10% anual.

Lo que no se suele mostrar son gráficos parciales de diez o veinte años de determinadas acciones o incluso de índices parciales. Y hay cientos de casos donde podemos encontramos con datos poco alentadores. Un ejemplo, de multitud, puede ser el S&P 500 entre 2000 y 2013.

En datos, el uno de marzo de 2010 el índice estaba en 1.498,58 y el uno de enero de 2013 el índice cotizaba a 1.498,11. Es decir, en casi trece años el precio sería el mismo. Sin embargo, unos años después, el índice se habría duplicado.

Sin embargo, el gran problema de esta estrategia de inversión es que si sólo dependemos de la revalorización de nuestro porfolio necesitamos vender para obtener nuestra renta. La venta, sobre todo para los inversores a largo plazo, siempre es un problema. En primer lugar es un problema sicológico ya que para un inversor de este tipo una venta se asocia a un pequeño fracaso o una descapitalización.

En segundo lugar la venta, sobre todo si es obligada, puede ser necesaria en momentos subóptimos. Bien sea porque se produce durante una caída del precio, o bien porque tenga que hacerse en un momento de tendencia alcista.

A este tipo de problemas un inversor en fase de acumulación de cartera puede hacer frente simplemente no vendiendo, pero un inversor que esté en la fase de distribución o retorno de efectivo si le afectará.

Pagándose un dividendo

Muchos inversores no son partidarios de invertir en empresas que distribuyen dividendos. Las razones son absolutamente válidas. Por un lado el problema fiscal de tener que pagar cada año y por otro el hecho de que muchos inversores consideran que una empresa que distribuye dividendos simplemente demuestra su incapacidad para generar más ingresos reinvirtiendo su flujo de efectivo.

Siendo el primer punto indiscutible y el segundo algo más, también es cierto que, en algún momento, todos los inversores necesitarán efectivo, es decir, que su inversión le produzca un retorno.

Los defensores de invertir en empresas que no distribuyen dividendos suelen argumentar que siempre podemos «pagarnos nuestro propio dividendo» vendiendo una parte de nuestra cartera.

En la entrada donde vimos una introducción a la inversión en dividendos ya nos hemos referido a este punto y vimos que este sistema tiene inconvenientes. Por un lado produce una descapitalización paulatina con el riesgo de agotar nuestro patrimonio, y por otro lado, la venta parcial de nuestras acciones cada cierto tiempo no evita, más bien al contrario, que nos veamos obligados a desprendernos de nuestras acciones en mal momento.

Llegando al dividendo

En mi experiencia y mi observación encuentro que a la inversión en dividendos se llega en dos momentos. Una suele ser en algunos casos al comienzo de la actividad inversora donde nos encontramos con la idea atractiva de obtener una renta de nuestro ahorro. Tal vez el mayor inconveniente en estos casos es la elección de empresas con muy alto dividendo pero sin analizar demasiado el resto de factores de la empresa.

Habitualmente, y siempre en una generalización muy subjetiva, esta fase deja paso a otros métodos y estrategias de inversión como hemos visto en esta serie de entradas.

El otro momento se produce cuando un inversor ha pasado por todas las fases y llegado a punto de la estrategia de las tres reglas (recordemos: buenas empresas, buen precio de compra, no nacer nada) nos encontramos con que en realidad la estrategia de inversión en dividendos, pudiendo no ser las más rentable sobre el papel, es la que mejor se adapta a la ceración de un patrimonio que nos genere ingresos pasivos.

La estrategia es muy simple, se trata de usar las tres reglas que hemos mencionados pero incorporando en la selección de empresas no solo la calidad de negocio sino el factor de distribución de dividendos.

Aunque el estudio de la distribución de dividendos puede tener como objetivo la obtención de rentas pasivas lo cierto es que también se puede usar como un factor de calidad de la empresa como defendía Geraldine Weiss en su libro que da título a esta entrada. Y es que realmente, en un mundo donde cada vez es más complicado descifrar las cuentas de las grandes empresas, uno de los pocos elementos que no se pueden «dulcificar» o esconder son los dividendos.

¿La contabilidad miente?. Bueno, la respuesta correcta sería que la contabilidad puede contar lo que queramos contar. Existen multitud de formas de modificar unos resultados financieros o un balance. Podemos adelantar ventas, asignar gastos a futuro o valorar intangibles como queramos. Se puede incluso hacer recompras de acciones con deuda para mejorar el ratio de beneficio por acción.

También se pueden hinchar las expectativas o destacar un valor bueno (por ejemplo un aumento de ventas) sin hacer referencia a un valor malo o mediocre (por ejemplo la caída de márgenes).

Pero el dividendo, salvo casos excepcionales que también los hay, se paga del flujo libre de efectivo. Y una cosa esta clara, una empresa que paga consistentemente dividendos es una empresa que genera valor y beneficios. Si además, como es deseable, esos dividendos crecen con el tiempo es una muy buena medida de la salud de la empresa. El dividendo es dinero que sale de la empresa y llega a la cartera de los accionistas.

Los defensores de no pagar dividendo suelen decir que no hay mejor retribución de una empresa que el incremento en el precio de las acciones pero el mercado no es tan eficiente como para poder asegurar que el incremento de calidad de la empresa se va a reflejar siempre en el precio de la acción.

Si usted compra una acción A, que genera de media un 4% de dividendo, y compra una acción B cuyo beneficio por acción crece de media un 10%, al cabo de 10 años el poseedor de la primera acción habrá cobrado su 4% anual mientras que el poseedor de la segunda acción tendrá algo más valioso… o no. Y hasta que no se venda nadie habrá ganado nada.

Hemos insistido en la estrategia de las tres reglas que probablemente cualquier inversor experimentado podrá corroborar. Insistamos en los pasos:

  1. Seleccionar buenos negocios.
  2. Comprarlos a un precio adecuado.
  3. No hacer nada.

Si analizamos un poco más la estrategia observaremos un pequeño inconveniente. Con esa estrategia el inversor nunca va a ganar ni obtener retorno. A no ser claro que la empresa distribuya dividendos.

Es cierto que esas reglas no son estrictas. Warren Buffet dice en una de sus frases más aplaudidas que el plazo correcto de tenencia de una acción es «para siempre». Pero Warren Buffet vende acciones.

Lo que Buffet quiere decir (y aquí me recuerdo a un pastor evangélico descifrando el significado del evangelio) es que hay que invertir siempre pensando en mantener las acciones a largo plazo. Pero, si realmente usted adquiriese acciones del holding de Warren Buffet (Berkshire Hathaway) y no las vendiese jamás nunca ganaría nada.

Warren Buffet ha logrado una impresionante rentabilidad del 19,8% anual en los últimos 57 años. Dicho de otra forma, quien hubiese invertido mil dólares al inicio de su holding tendría un patrimonio valorado en casi treinta millones de dólares. ¿Y cuanto habría ganado?. Pues depende de lo que hubiese vendido. Tal vez nada.

Los dividendos y la independencia financiera

Cada cual invierte para lo que quiere. En mi caso, como en el de la mayoría de personas que conozco, es para obtener una renta de ingresos pasivos. Últimamente se ha puesto de moda los conceptos de independencia y libertad financiera. Se trata de conseguir que rentas pasivas paguen los gastos de nuestra forma de vida de forma que no dependamos de un sueldo para poder pagarnos nuestra vida.

En realidad, la IF como se le suele llamar implica algo más. Es un plan premeditado que incluye ahorro, la austeridad y la inversión. La IF es de esas prácticas en las que, aunque no consigamos los «últimos objetivos», el simple hecho de plantearlo suele obtener beneficios. Si nos hemos fijado un objetivo de ingreso de rentas y no lo llegamos a alcanzar, siempre nos servirá para mejorar nuestro nivel de vida.

Hay personas que se fijan una edad para conseguir la IF y sucede lo mismo. Tal vez no lleguemos a ese punto a los 30, 40 o 50 años, pero lo que es seguro es que alguien que ha tenido la disciplina de ahorro, austeridad e inversión va a vivir unos últimos años de vida mucho más cómodo económicamente hablando que alguien que no lo haya practicado.

La estrategia de inversión en dividendos, junto tal vez con la inversión inmobiliaria para alquiler, es la estrategia que mejor se adapta al objetivo. Durante la fase de inversión se acumulará capital reinvirtiendo los dividendos, y posteriormente, cuando comience la fase de retiro o distribución los dividendos obtenidos nos proporcionaran ese ingreso pasivo.

Estrategia Buy&Hold dividendos

La estrategia de inversión en dividendos se basa nuevamente en las tres reglas de la inversión Buy&Hold.

Selección de empresas

El primer paso para implementar una estrategia de inversión es seleccionar empresas por calidad de forma similar a como se haría en cualquier estrategia Buy&Hold. Un error que un inversor no debe cometer es selecciona una empresa únicamente por su rentabilidad por dividendo anual al que normalmente nos referimos como yield.

Un yield en dividendos más alto generalmente indica que una empresa paga un porcentaje mayor de sus ganancias a los accionistas en forma de dividendos. Sin embargo, un yield extremadamente alto puede ser una señal de advertencia, ya que podría indicar que la empresa está luchando financieramente o que el dividendo es insostenible.

Lo recomendable es realizar un estudio similar al que haríamos en cualquier tipo de empresa determinando si se trata de una buena empresa con un buen modelo de negocio. Una vez que hemos determinado la calidad de la empresa pasaríamos a estudiar los parámetros básicos en cualquier empresa de dividendos:

  • Yield: Es el porcentaje que supone el dividendo con respecto al precio.
  • Payout: Es el porcentaje de beneficio neto o de flujo de efectivo libre que se dedica a retribuir a los accionistas con dividendos.
  • CAGR de crecimiento de dividendos de los últimos x años: Se trata del porcentaje anualizado de crecimiento (si lo hay será mayor que cero) de los dividendos en los ultimos años.

En combinación con el estudio de la calidad del negocio, los inversores buscan la mejor relación entre yield alto, Payout bajo y crecimiento alto. El primer parámetro nos indica el porcentaje de dividendo distribuido con respecto al precio actual y, por lo tanto, la rentabilidad actual de la acción. El segundo refleja el esfuerzo que hace la empresa para pagar el dividendo en relación con sus ganancias o flujo de efectivo. El payout bajo nos indica que existe mucho margen para mejorar la retribución, que la empresa puede dedicar más de sus ganancias a la reinversión en crecimiento y que por lo tanto el dividendo es más seguro. El tercer parámetro nos da información sobre la calidad de la empresa y sus beneficios y sobre la política de la dirección de la empresa con respecto a la retribución directa al accionista.

Cada inversor puede fijar sus límites en los parámetros que considere más adecuados. Depende del plazo previsto de inversión y de la fase en la que se encuentra. por ejemplo, un inversor joven con una perspectiva de acumulación de décadas tal vez debería sobreponderar el crecimiento del dividendo sobre el yield. Al contrario un inversor que este proximo a la fase de distribución o recuperación tal vez debería priorizar el alto yield sobre el crecimiento.

Un parámetro que se utiliza para hacer seguimiento de cartera es el «yield on cost» que es una métrica que compara los dividendos actuales que recibe un inversor con el costo original de su inversión. Se calcula dividiendo los dividendos anuales actuales por la inversión inicial y luego expresándolo como un porcentaje.

Esta métrica es especialmente relevante para los inversores a largo plazo, ya que muestra cuánto están recibiendo en dividendos en relación con lo que originalmente invirtieron. A medida que una empresa aumenta sus dividendos con el tiempo, el yield on cost puede aumentar, lo que indica un mayor rendimiento sobre la inversión inicial.

Valoración de empresas

En este caso el proceso de valoración se puede homologar con el de cualquier cálculo de valor intrínseco bien sea por descuento de beneficios futuros como el de múltiplos.

Geraldine Weiss y sus seguidores proponen usar el yield histórico para hacer la valoración y determinar el punto de entrada. De sus observaciones del mercado, la dama de los dividendos se dio cuenta que la mayoría de las acciones de calidad son cíclicas en cuanto a la rentabilidad por dividendos. Por ejemplo de la observación de la empresa A podríamos llegar a la conclusión de que históricamente se mueve entre el 2% de rentabilidad por dividendos al 4%.

Partiendo de esta premisa, la empresa se considera «barata» cuando tiene un yield alto con respecto a su media ya que se supone que, tratándose de empresas de calidad, el yield históricamente alto se produce por un precio de acción históricamente bajo.

Cambio de paradigma

Uno de los cambios fundamentales cuanto se adopta una estrategia de inversión en dividendos a largo plazo para componer una cartera que nos devuelva una renta pasiva es sin duda la forma de plantearse la inversión desde un punto de vista sicológico.

Todo el que ha sido inversor en bolsa, tenga la experiencia que tenga sabe lo que es la sensación de euforia cuando sus acciones se revalorizan y la sensación de desazón cuando hay perdidas que se convierte en pánico cuando hay caídas intensas del mercado.

Esto se produce porque el inversor comprueba el valor de su porfolio de acciones como una medida de su riqueza. Si el precio de sus acciones baja un 30% considera que ha perdido un 30% de su patrimonio en acciones de la misma forma que cuando tiene una ganancia de ese mismo 30% puntualmente considera que es un 30% «más rico». En realidad, hasta que no venda sus acciones no es ni más pobre ni más rico. Pero psicológicamente todos los inversores sabemos que es realmente duro.

El «truco» del inversor en dividendos está en centrarse en los dividendos anuales que consigue con su patrimonio. Y la experiencia demuestra que la variación en la cantidad de dividendos recibidos es mucho menor ya que los pánicos bursátiles a menudo no tienen correlación en los resultados empresariales de las empresas de dividendo que suelen estar respaldadas por buenos modelos de negocio.

Si usted en vez de revisar el valor de su cartera a precios actuales se centra en revisar el retorno en dividendos conseguirá dos efectos beneficiosos. El primero es que, probablemente observará como cada año crece este rendimiento, y en segundo lugar comenzará a ver la bajada de los precios como una oportunidad. Tiene toda la lógica pensar que usted prefiera comprar más barato. Si una acción genera para sus rentas un dólar al mes, a que precio le gustaría comprarla: ¿a cien dólares o a cuarenta?.

Por otra parte, el inversor en dividendos, incluso si se encuentra en la fase de distribución o retiro obtendrá rentas muy similares independientemente de los precios actuales de las acciones.

Si usted obtiene mil dólares mensuales, no debería importarle tanto que su patrimonio invertido haya pasado de un precio de trescientos mil dólares a doscientos mil. Y más teniendo en cuenta que todos sabemos que los vaivenes en la bolsa son cíclicos y que la tendencia de fondo siempre es alcista en este tipo de empresas. Si usted recibe la leche de la vaca, no le debe importar si la carne de vaca ha subido o bajado.

Tal vez un inversor joven y sin mucha experiencia pueda infravalorar el hecho de este cambio de paradigma desde un punto de vista psicológico pero lo mas probable es que entonces no haya pasado épocas de bajadas del 20% o del 40% que suceden cada pocos años en la bolsa. En estos casos, ante la presión psicológica y el pánico de ver disminuir su patrimonio la mayoría de inversores terminan por deshacer posiciones vendiendo precisamente en los momentos de bajada.

En general los inversores con más experiencia se toman los vaivenes de la bolsa de forma mucho más «relajada» pero en concreto los inversores que practican esta estrategia de dividendos suelen preferir incluso que la bolsa baje ya que lo entienden como una oportunidad de adquirir rendimientos a menor costo.

El último paso. Alto dividendo o crecimiento

Partiendo de la base de disponer de un buen modelo de negocio los inversores en dividendos suelen diferenciar entre dos tipos de empresas. Las empresas de alto dividendo, a menudo llamadas «vacas lecheras» son empresas que generan un alto rendimiento en dividendos debido a su política de distribución. Los Reits inmobiliarios, los holding de inversión, las empresas de servicios y suministros son algunos ejemplos de empresas de alto rendimiento por dividendo. Habitualmente estas empresas son cíclicas y/o tienen un crecimiento limitado.

Las empresas de dividendos crecientes son aquellas empresas que, habitualmente tienen un rendimiento por dividendo menor pero suelen aumentarlo año a año debido a su modelo de negocio. Los ejemplos más claros de este tipo de empresas los encontramos en dos listas ampliamente conocidas como son los «reyes del dividendo» que son empresas que han aumentado los dividendos al menos los últimos cincuenta años, y los «aristócratas del dividendo» que son aquellas que han aumentado al menos los últimos 25 años.

Aunque habitualmente se considera una elección más eficiente seleccionar empresas de dividendos crecientes realmente hay dos casos en los que la inversión en vaca lecheras puede tener sentido.

En primer lugar, cuando se está comenzando, y aunque matemáticamente se pueda demostrar que a largo plazo las empresas de dividendo creciente terminarán por ser más rentables, el obtener rendimientos considerables es una ayuda al inversor primerizo ya que afianza y confirma su estrategia.

Por otra parte, cuando el inversor esta cercano a la edad de retiro, puede que obtener altos rendimientos le permita cubrir los gastos antes de que el tiempo haga que los dividendos crecientes comiencen a aumentar la rentabilidad.

Habitualmente, la mayoría de inversores combinan los dos tipos de empresas para conseguir una media de rendimiento y con un potencial de crecimiento aceptable.

El final del camino

Después de años de invertir, una de las cosas que he observado en las personas que llevan años invirtiendo en bolsa es que terminan simplificando y diversificando su estrategias de inversión. En cuanto a la inversión de dividendos la estrategia consiste en ir añadiendo poco a poco acciones que generan rendimientos y centrarse más en alcanzar cierta cantidad de ingreso mensual o anual que en alcanzar cierto patrimonio.

Se trata de seleccionar empresas de alta calidad, con un historial probado de distribución de dividendos, con payouts inferiores al 60% siempre y cuando no se trate de Reits o de Holdings de inversión, y, a poder ser, con capacidad de crecimiento. Y, por supuesto, reinvertir los dividendos obtenidos para alimentar el interés compuesto.

La cantidad de empresas de este tipo no es tan amplia, tal vez un par de centenares en estados unidos y muchas menos en Europa. Una cartera con un mínimo de 20 empresas distintas y con el máximo que quieras, aunque a partir de 20 la diversificación no afecta demasiado , a poder ser de distintos sectores.

Lo ideal es que las compras se distribuyan en el tiempo para diversificar temporalmente y que prácticamente no exista rotación salvo casos puntuales de crisis o desaparición del dividendo.

Y esperar a que, poco a poco, muy lentamente al principio y cada vez más rápido con el paso del tiempo, tus rentas mensuales vaya creciendo.

Y terminaré con la frase que me dijo un amigo inversor ya jubilado y que vive de sus rendimientos de dividendos (y de una pequeña pensión). Toda la vida complicándome para aprender a hacerlo sencillo y simple.