No es la cotización, es el rendimiento.

Los inversores tienden a centrarse únicamente en el precio de las acciones, buscando oportunidades de comprar bajo y vender alto. Aunque esto puede ser una estrategia válida, también puede ser volátil y generar incertidumbre. Aquí es donde entra en juego la importancia de centrarse en el rendimiento por dividendos, especialmente en acciones que tienen un historial de crecimiento de dividendos.

Un punto de inflexión en la experiencia de un inversor se produce cuando soporta las bajadas de bolsa sin entrar en pánico. Y se podría decir que otro paso aun más se puede dar cuando se llega al punto de alegrarse de las bajadas. Y eso sucede específicamente con los inversores experimentados que se centran en la inversión en dividendos.

Las acciones que pagan dividendos generan un flujo constante de ingresos para el inversor, independientemente de las fluctuaciones del mercado. Este flujo de efectivo puede reinvertirse para comprar más acciones o usarse para gastos personales. Raramente una variación del precio de la acción, sobre todo si se debe al momentum de mercado, influye en la cantidad de dividendo que una empresa distribuye.

Si aún se encuentra en una fase de acumulación y reinversión de dividendos, la lógica nos dice que si quiero comprar algo, en este caso acciones, cuanto mejor precio mejor.

Que sucede cuando baja la bolsa

Una acción pude bajar por una causa determinada especifica de la empresa. Puede existir un problema en la empresa o una situación económica o de mercado que afecte directamente a la empresa. Ilustraremos con varios ejemplos.

EPAM Systems es una empresa de servicios de TI y software que tiene sus raíces en Bielorrusia pero que opera globalmente. EPAM tiene una considerable presencia en Ucrania y Bielorrusia, y ha tenido que considerar la seguridad y bienestar de sus empleados en la región. Obviamente, la situación de conflicto con la guerra entre Rusia (apoyada por Bielorrusia) y Ucrania ha afectado a una cantidad significativa de sus trabajadores.

3M enfrentó litigios por afirmar que sus tapones auditivos Combat Arms defectuosos causaron pérdida auditiva y tinnitus a militares. Se alegó que 3M sabía del defecto pero no lo comunicó. Las consecuencias incluyen compensaciones millonarias, daño a la reputación de la empresa y posibles sanciones regulatorias.

JNJ (Johnson & Johnson) fue acusado de que su polvo de talco contenía asbesto, lo que podría causar cáncer. Miles presentaron demandas alegando que el producto les causó cáncer. Las repercusiones legales incluyen veredictos multimillonarios en contra de JNJ, retirada del producto y daño a la reputación de la marca.

Todos estos casos pueden tener como consecuencia una reducción de ingresos, o perdidas en el balance por pagos de indemnizaciones. En tales casos, y siempre que se trate de situaciones relativamente graves, incluso pueden afectar a la distribución de dividendos. En estos casos, un inversor puede llegar a preocuparse si mantiene posiciones en estas empresas aunque si realmente tiene experiencia puede detectar un caso de los que habitualmente se denominan «caso de la nueva coca cola».

El caso New Coke

El «caso de la Nueva Coca-Cola» se refiere a un episodio en la historia de The Coca-Cola Company en 1985 cuando la empresa decidió reformular su bebida insignia. Esta decisión fue el resultado de la creciente competencia con Pepsi y la percepción de que los consumidores querían un sabor más dulce.

Coca-Cola introdujo la «Nueva Coca-Cola» o «New Coke» con una fórmula diferente, esperando reavivar las ventas y la preferencia del público. Sin embargo, la reacción del público fue en gran medida negativa. Muchos consumidores mostraron un fuerte desacuerdo y descontento con el cambio, llevando a protestas y peticiones para que la compañía trajera de vuelta la fórmula original.

Después de solo unos meses, Coca-Cola cedió a la presión del público y reintrodujo la fórmula original como «Coca-Cola Classic», mientras que la «Nueva Coca-Cola» fue gradualmente descontinuada.

Este problema se sintió en la opinión pública como un problema grave para la empresa pero, en realidad, los datos de ventas demostraron que fue mucho más el «ruido» derivado de las protestas mediáticas de quien consideró el cambio de sabor de la New Coke una traición al modo de vida americano que el efecto real sobre los datos de ventas.

Desde entonces, cuando una empresa sufre un problema que se percibe como un gran inconveniente pero que realmente afecta poco a sus resultados y a su modelo de negocio se suele hablar del un nuevo caso New Coke. La razón de la detección de estos casos es que, habitualmente, estos casos producen caídas puntuales de las acciones de la empresa que suelen recuperarse con cierta rapidez constituyendo una clara oportunidad de compra.

El momentum de la bolsa: el precio y el valor.

En la mayoría de los casos, la bolsa baja y sube debido a las tendencias generalizadas. Si se produce una subida de la tasa de interés tipo de la FED lo y habitual es que la bolsa baje, si hay recesión la bolsa baja y luego sube cuando esta misma recesión obliga a las bajadas de tipos. En estos vaivenes, las acciones pueden bajar y subir un 20%, a veces un 30% y en ocasiones especiales hasta un 40% o 50%. En el caso de las grandes crisis como la que sucedió tras la quiebra de Leman Brothers, la llamada crisis subprime, las bajadas pueden incluso ser mayores.

La cuestión es que si analizamos empresa por empresa, los resultados no son afectados de la misma forma. Es decir, si una empresa que fabrica refrescos o pasta de diente baja un 30% por que la bolsa en general cae en pánico no despide al 30% de empleados, ni deja de fabricar ni de vender el 30% de refrescos o de pasta de dientes. Tampoco baja los precios de su productos un 30%. Es decir, habitualmente las empresas no ven modificado su modelo de negocio y pocas veces sus resultados se resienten de forma significativa.

Lógicamente, si hay una recesión hay ciertas empresas llamadas cíclicas que pueden verse afectadas por la disminución de la renta disponible pero no tiene una relación directa.

El ejemplo más evidente de esto se comprueba al revisar los históricos de dividendos de grandes empresas. Todos los aristócratas de dividendo han mantenido o aumentado sus dividendos en los últimos 25 años al menos. Eso significa que han pasado la crisis de las punto com, la crisis de las hipotecas subprime y la crisis de la pandemia aumentando el dividendo. Sin embargo si observamos la cotización es practicamente seguro que se encuentre con bajadas significativas de precios en sus acciones.

La máquina de hacer dinero. Porqué alegrarse cuando la bolsa baja.

Vamos a comparar una empresa que distribuye dividendos con un sueño que pocos han dejado de tener en algún momento de su vida: la fábrica de producir dinero.

Podemos decir que cada acción de Coca Cola es una pequeña máquina que fabrica dinero. De hecho, cada año fabrica un poco más. En el año 2002 fabricó 0,40 dólares, cada año fabricaba un poco más hasta que en el año 2022 fabricó 1,76 dólares. No es una locura, en realidad las empresas se pueden ver de forma simplificada como una máquina que debe producir dinero (o si quiere ser más elegante, digamos que valor agregado). Y si la máquina no produce dinero, seamos sinceros, que más da que la empresa sea más o menos bonita.

Así veremos cada acción, como una de esas maquinitas, que nos cuesta en el momento que escribo esta entrada (Octubre de 2023) 53,26$. Sin embargo, hace unos pocos meses, el 1 de mayo de este mismo año, el precio de la máquina que fabricaba la misma cantidad de dinero era de 63,84$.

Las empresas de dividendos son máquinas de fabricar dinero

Es decir, nuestra máquina está de rebajas. Si usted compró a 63,84$ es porque consideró que el rendimiento de la máquina de dinero le compensaba, ¿no es así?. Si ahora la máquina ha bajado de precio, ¿no debería alegrarse?.

Pueden suceder tres casos si usted compro el 1 de mayo. Primer caso: usted compró pero no piensa comprar más. Bueno, en este caso nada ha cambiado. La máquina de generar dinero seguirá generando el mismo dinero. Tal vez le moleste que su vecino pueda comprarla más barata pero los fundamentales de su inversión no han cambiado.

El segundo caso es que usted compro y está abierto a seguir comprando. Entonces todos son buenas noticias porque la maquina ha bajado de precio y ahora, con el mismo dinero usted esta comprando más máquinas. ¡Enhorabuena!.

El tercer caso es que usted comprase las máquinas esperando venderlas. Entonces si tendría problemas, aunque tarde o temprano subirán pero es obvio que ahora mismo las máquinas cuestan menos.

Pero la cuestión es que un inversor en dividendos raramente se encontrará en el caso tres sino más bien en el uno, y más habitualmente, en el dos.

Los inversores en estrategias a largo plazo en general y los que usen estrategias de dividendos en particular, deben observar las bajadas de mercado como una oportunidad para comprar a mejor precio. Y nadie se enfada cuando hay rebajas.

Piscología de la bolsa

Puede que el lector no entienda de que hablamos si decimos que los inversores sufren pánico. A menudo, cuando analizamos un grafico de cotizaciones históricas nos encontramos con caídas pronunciadas de cotización y siempre pensamos: que lastima no haber tenido esa oportunidad para comprar.

Pero en ese momento esa bajada de cotización probablemente tuvo una razón que afectó directamente a la empresa o, lo más probable, a todo el mercado. Cada cierto tiempo nos invade esa sensación de que el mundo se va a acabar. La experiencia de un inversor podría medirse en las veces que se ha tenido que enfrentar al fin del mundo. El fin del mundo de las hipotecas subrpime, el fin del mundo de la crisis del petróleo ruso, el fin del mundo, el fin del mundo del Covid, el fin del mundo de la guerra de Ucrania, el fin del mundo de la tensión con China por el problema de Taiwan, el fin del mundo por la inflación, el fin del mundo por la tensión entre Israel y Palestina.

Lo único seguro es que habrá muchos más. Y en todos se hablará de tensión, de riesgos, de crisis y de recesión. Y luego pasarán.

La estadística nos dice que la bolsa sube porque la bolsa es un reflejo de la economía. El siglo XX ha sido el más violento de la historia de la humanidad y ha tenido dos guerras mundiales, una guerra fría, numerosos conflictos territoriales y varias recesiones severas y, sin embargo, la media de crecimiento del S&P 500 roza el 10% anual.

Sin embargo, en cada crisis, a los inversores, particulares y profesionales, nos entra miedo de que esta vez si sea «la buena». El manejo de esos momentos de pánico es básicamente lo que define a un buen inversor de otro normal.

El 2 de marzo de 2020 Coca Cola, una de las empresas más seguras, rentables y aburridas del mundo y que hacía una semana había tocado máximos en su cotización rozando los 47 dólares, llegó a bajar a 36 dólares. Bank of America, uno de los bancos llamados sistémicos en Estados Unidos porque su caída pondría en riesgo toda la economía, llego a bajar de 35 a 18 dólares en menos de dos semanas. Jonhson & Johnson, una de las empresas de consumo mejor gestionadas del mundo, cuya deuda tiene la máxima calificación crediticia, superando a la del tesoro norteamericano, bajó de cerca de 145 dólares a 108 dólares.

Estos ejemplos, son casos de tres de las empresas consideradas más seguras del mundo y de mayor calidad crediticia y bajaron entre un 20 y un 30% en menos de diez sesiones de bolsa. Cualquier inversor puede entender que esas empresas a esos precios suponían una gran oportunidad de compra. Pero si llegaron a esos precios fue precisamente porque muchísimos inversores huyeron incluso de esas empresas. Hubo muchas otras que cayeron hasta un 80%. Como habrá adivinado la causa fue el inicio de las medidas contra la pandemia del Covid.

Para un inversor en dividendos, adquirir Coca Cola, Bank of America o Jonhson & Johnson con una rentabilidad anual del 5% o superior es una magnifica oportunidad. Pero lo cierto es que solo un inversor realmente curtido en muchas crisis puede tener la sangre fría para ver esta caída como una gran oportunidad. En muchos casos, los inversores deciden vender, probablemente asumiendo cuantiosas perdidas para «poder dormir en paz».

En realidad, si usted recapacita sobre la pandemia, pudieran haber sucedido tres cosas. En el mejor de los casos, que fue el que sucedió, la ciencia sacaría medicamentos o vacunas y la pandemia remitiría (con un costoso precio en vidas humanas lamentablemente, pero estadísticamente no demasiado significativo). En el segundo caso la pandemia se hubiese pasado como se han pasado grandes pandemias anteriores con hasta el 10% de la población diezmada. En el tercero, la humanidad se hubiese extinguido.

En el tercer caso, seamos realistas, que usted tuviese su dinero en acciones de Coca Cola o en su banco no afectaría demasiado. En el segundo caso, con todo el dolor que produciría una perdida significativa de la población mundial, ni los refrescos más vendidos del mundo, ni el mayor banco de Estados Unidos ni la mayor empresa de consumo y farmacéutica hubiesen sufrido una debacle.

Así pues, si mantenemos la cabeza fría, lo cierto es que cualquiera de estos casos se puede ver como una oportunidad. Sin embargo, cualquiera que lo haya vivido como inversor sabe que a veces la tensión es poco soportable. De hecho, no es necesario demostrarlo. Si una acción baja un 30% es, sin duda, porque existen mucha más oferta de venta que demanda de compra.

Podríamos hacer una analogía similar cambiando bajadas por subidas y pánico por euforia y miedo a perderse algo grande. En estos casos los inversores pierden el control y compran a precios inflados acciones de empresas de moda.

El resultado combinado de esta combinación de miedo/euforia es tan absurdo como real estadísticamente hablando. La mayoría de inversores compra cuando la bolsa esta cara y vende cuando esta barata. Y si, ha leído bien, se compra cuando esta cara y se vende cuando esta barata. Cualquier gestor de fondos se lo puede demostrar.

Si usted conoce algún inversor experimentado, o lee algún libro o escucha una conferencia o una entrevista con alguien con experiencia inversora y le preguntan o plantea que es lo más importante en la inversión en bolsa es muy probable que la respuesta sea siempre la misma: la psicología. En realidad, no sé si está bien expresado usando simplemente ese termino pero se refieren, principalmente, al manejo de las emociones básicas: el pánico y la euforia y, en segundo lugar, al manejo de la distracción que suponen los sesgos cognitivos.

Inversor en dividendos. Centrándose en rendimiento

Si la estrategia elegida es la inversión en dividendos, la mejor forma de evitar, al menos parcialmente, las emociones excesivas, sobre todo la de pánico es centrarse en los rendimientos en dividendos.

La ventaja de los dividendos es que no son tan volátiles como la cotización. Si usted revisa cualquier acción cotizada, sea la que fuere y analiza el máximo y el mínimo de los últimos doce meses será habitual encontrar diferencias de un 20%. Muchas veces mucho más. La cuestión es si esa empresa ha crecido o disminuido ese mismo porcentaje en facturación, beneficios o flujo libre de efectivo. Habitualmente no es así.

El 13 de febrero de 2020 McDonald’s (MCD) llego a los 218 dólares por acción. El día 18 de marzo, apenas un mes más tarde, llego a tocar intradía los 124,51 dólares. Es decir, una bajada aproximada del 43% de la acción.

En el siguiente gráfico puede ver los rendimientos en dividendos de McDonald’s en los últimos 10 años incluyendo lógicamente ese periodo.

Considerando que MCD es una empresa gigantesca, con decenas de miles de restaurantes de los que además cobra alquiler a sus franquiciados lo que supone unos ingresos fijos. El hecho de que una empresa que habitualmente paga un rendimiento entre el 2% y el 3% pase a una rentabilidad cercana al 5% ¿no le parece una buena oportunidad?.

Lo cierto es que si usted esta pendiente de su cartera y en febrero del 2020 tuviese invertido un valor de diez mil dólares en MCD, un mes después comprobaría que su inversión tenia un valor de mercado de menos de seis mil. Quien ha sufrido eso sabe que no es fácil soportar la tensión. Pero si se centra en la rentabilidad y consigue abstraerse del precio lo que usted verá es algo totalmente diferente. Por su inversión le están dando la misma renta y de hecho, si puede invertir más le darán más por menos.

Y si, es cierto que podría suceder que MCD desapareciera y perdiera toda su inversión pero, ¿en serio apostaría a esa opción?.

Puesto que habitualmente los dividendos se pagan del flujo libre de efectivo, lo habitual es que realmente no fluctúen tanto como la cotización. Si tenemos una cartera que prevemos que nos entregue por ejemplo cinco mil dólares anuales, lo más normal es que nos entregue un poco menos o un poco más pero raramente, si son empresas de calidad, vamos a tener variaciones sustanciales sobre la previsión.

Si además nuestra cartera esta suficientemente diversificada, lo habitual es que por cada empresa que recorte sus dividendos haya alguna que los aumenta algo más de lo previsto.

Entonces, el hecho de centrarse en el rendimiento por dividendos funciona como una especie de filtro de volatilidad suavizando las curvas. Si conseguimos centrarnos en ese dato en vez del valor puntual de nuestra cartera de acciones sucederán cosas buenas.

La primera es que nos sentiremos más confortables observando que los rendimientos previstos se parecen mucho a los rendimientos esperados. A diferencia de con los precios cotizados, tendremos la sensación de que «sabemos lo que hacemos».

La segunda, y más importante es que veremos la bajadas en bolsa como lo que realmente es: una oportunidad. De hecho, es probable que sustituyamos el miedo por la ansiedad de no disponer de suficiente efectivo para hacer compras. Conozco personalmente a gente que se planteó rehipotecar su casa para invertir cuando la crisis de la pandemia.

Si además tenemos un plan para conseguir la IF basado en objetivos y hemos planificado nuestras rentas futuras, las compras realizadas en crisis, recesiones o bajadas de bolsa por circunstancias externas a las empresas nos permitirán mejorar sustancialmente nuestras expectativas y tal vez hasta reducir nuestro punto de retiro.

Como en muchas otras ocasiones en bolsa, se trata de usar trucos sicológicos, usar nuestra capacidad de abstracción de los impulsos más intuitivos sustituyéndolos por nuestra parte más reflexiva y mirando lo mismo pero centrándonos en otro lado.

Hay que tener en cuenta que las rentas que vayamos a obtener de nuestros dividendos siempre van a ir acompañadas en el largo plazo de un valor proporcional de nuestra cartera. Es decir, si hoy tenemos una renta de 100 y dentro de diez años tenemos una renta de 200 lo más normal es que el valor de nuestra cartera de acciones se haya duplicado.

Pero todo esto sucede en el largo plazo, en el corto plazo la bolsa pierde la eficiencia. El porqué sucede esto será objeto de otra entrada pero sucede. A largo plazo, el valor de nuestras inversiones se irán revalorizando de forma muy similar al beneficio por acción obtenido por la empresa y los dividendos recibidos seguirán una tendencia similar.

Centrarse en rendimientos lo que hace es quitarnos de en medio esos pequeños valles y picos que observamos cuando miramos un gráfico de la cotización de una acción. A largo plazo esas ondulaciones se ven como pequeñas interferencias en una tendencia, pero cada una de ellas fue un momento de pánico o de euforia.

Y es que otra cosa que conseguiremos centrándonos en rendimientos es que esos crecimientos que a menudo nos parecen no tendrán fin no se vean tan sumamente atractivos. La razón es la misma pero que la anterior pero de forma inversa. Cuando una empresa que nos entrega un 4% se convierte en un 2% nos resultará menos atractiva. Y es que en realidad es menos atractiva.

Por esto, un inversor en dividendos debe centrarse en controlar las rentas obtenidas hoy y las que se prevean en el futuro y olvidarse de cotizaciones. Si una empresa que nos ofrece habitualmente 3 dólares por cada 100 invertidos de pronto y puntualmente nos ofrece 5 dólares, eso es bueno. Si puntualmente nos ofrece sólo 2, eso es malo.

Y sólo con eso de pronto, y de forma casi mágica, resultará que al revés de la mayoría de inversores estamos comprando cuando la empresa está barata y si queremos hacer trading con la técnica de los dividendos nunca mienten, vendiendo en los momentos que la empresa está cara.

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